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La pasta es una fuente excelente de
carbohidratos complejos que proporcionan energía. Y es que es un
alimento con un alto contenido en proteínas y un bajo porcentaje de
grasa. Si se recurre a las pastas de trigo integral el cuerpo recibirá
un mayor aporte de fibra, tiamina y la conocida vitamina B, necesaria
para convertir los carbohidratos en energía.
Tipos de pasta
Existen dos categorías de pasta: las que se mezclan con agua y las que
se elaboran con huevo. Las primeras son las envasadas de toda la vida
habituales en los supermercados. Son pastas firmes que casan muy bien
con salsas contundentes paridas con aceite.
Las que se elaboran con huevo combinan harina de
trigo blando con huevo. Son las llamadas pastas caseras al huevo,
conocidas también como “caseras” o “pastas frescas”. Las buenas pastas
al huevo son las que se elaboran en casa. La compra del utensilio para
amasarlas y cortarlas puede ser la solución ideal si se desea una
pasta de calidad y completamente natural y artesanal. Estas pastas
deben ser porosas, delicadas y finas, para que absorban a la
perfección salsas cremosas y mantequillosas.
La pasta mediterránea
Es la pasta más consumida en estas latitudes, ya sea de entrante,
plato único, ensalada, sopa o postre. Las finas son idóneas para sopas
y caldos, y las curvas, enroscadas y tubulares para salsas.
Si se acompañan con carne, tipo bolognesa, lo ideal son las rayadas o
estriadas. Las lisas combinan perfectamente con las salsas de nata o
de queso. La versatilidad de este alimento le permite actuar de
contundente plato único en los fríos días de invierno o de segundo
invitado, como los conocidos canelones.
Es perfecto, también, para ensaladas veraniega o, incluso, de postre.
Con un poco de atún y huevo; paté y nata o aceite y ajo, las
combinaciones son tan variadas y múltiples que se puede considerar que
es la reina de la cocina.
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